
Antes de elegir dónde comer, la gente revisa Google. Qué tan lejos está, qué tiene el menú, cómo se ve, qué dicen las reseñas. Si tu restaurante comete alguno de estos errores, estás perdiendo mesas todos los días sin enterarte.
El menú no está, o es una foto borrosa
Es lo primero que la gente busca y lo que menos restaurantes tienen bien. Una foto oscura de un menú arrugado no se puede leer en el teléfono. Sube el menú como texto o como imagen legible, con precios. Sin precios, mucha gente asume que es caro y sigue de largo.
Google dice abierto y estás cerrado
Para un restaurante este error es mortal porque la decisión es inmediata: alguien con hambre que llega y encuentra cerrado no vuelve a confiar en tu ficha. Y suele dejar la reseña enojada. Mantén horarios reales, incluidos festivos.
Las fotos las subieron los clientes, no tú
Si no subes fotos propias, tu ficha se llena con las fotos que suban otros: el plato a medio comer, la mesa con mala luz. Sube tus platos fuertes con buena luz natural. En comida, la foto es el argumento de venta completo.

Reseñas ignoradas, sobre todo las malas
Una queja sin responder confirma la queja. Una respuesta corta y honesta la neutraliza: gracias por avisar, ya lo corregimos, te esperamos de vuelta. Los futuros clientes leen esas respuestas más que las reseñas mismas.
Todo el esfuerzo está en Instagram
Instagram sirve para antojar, pero la decisión de a dónde ir se toma en Google. El que busca tacos cerca de mí no está viendo tu feed. Diez minutos a la semana en tu ficha de Google valen más que una hora diaria en redes.