
Mi negocio ya tiene Facebook, para qué quiero página web. Es la objeción más común y merece una respuesta honesta, no un discurso de ventas.
Lo que Facebook hace bien
Es gratis, es fácil y tu cliente ya está ahí. Para anunciar promociones, mostrar lo nuevo y conversar, funciona. Ningún negocio local debería abandonarlo.
El problema: las reglas no son tuyas
El alcance de tus publicaciones lo decide un algoritmo que cambia sin avisar. Las cuentas se suspenden por error y recuperarlas puede tomar semanas, con tu única presencia en línea congelada.
Y el punto que más cuesta ver: cuando alguien que no te conoce busca tu servicio en Google, tu página de Facebook casi nunca aparece. Facebook le habla a los que ya te siguen. Google te presenta con los que no te conocen, que son todos tus clientes futuros.

Lo que un sitio propio resuelve
Apareces en las búsquedas reales: cerca de mí, precio de, mejor de. Tu información vive en un lugar que controlas, con tu dominio, y eso da una credibilidad que un perfil social no da. Nadie te puede suspender tu propio sitio.
No es uno o el otro
La combinación correcta es las dos cosas con papeles distintos: el sitio para que te encuentren y confíen, Facebook para mantener la relación. Lo que no funciona es que toda tu existencia en internet dependa de una plataforma prestada.