
Esta comparación suele venir cargada. Quien vende sitios te dice que Wix es basura, y Wix te dice que no necesitas a nadie. Ninguna de las dos es cierta, y las dos convienen a quien las dice.
Va lo honesto: qué hace bien cada camino, en qué momento exacto empieza a salir caro el gratis, y cómo decidir sin que la decisión dependa de a quién le preguntaste.
Lo que Wix hace bien
Puedes tener algo en línea hoy mismo, sin saber de código y casi sin gastar. Para validar una idea, para un negocio que apenas arranca o para salir del paso mientras juntas presupuesto, eso tiene valor real.
También resuelve cosas que la gente subestima: el sitio se ve bien en teléfono sin que hagas nada, los certificados de seguridad vienen incluidos, y no tienes que preocuparte de que se caiga el servidor un domingo.
Si tu alternativa hoy es no tener nada, Wix es mejor que nada. Punto. Un negocio sin presencia en línea pierde más que uno con un sitio de plantilla.
Dónde empieza a cobrar la factura
La velocidad de carga es difícil de controlar. El editor de arrastrar y soltar carga mucho código extra para funcionar, y Google toma en cuenta la velocidad para decidir quién aparece primero. En una búsqueda peleada, eso pesa.
El diseño sale de plantilla, igual al de miles de sitios. Para un negocio que compite por precio da lo mismo. Para uno que compite por confianza, verse igual que todos es un problema comercial, no estético.
Y las mensualidades nunca terminan: el plan, el dominio, las funciones que resultaron ser de paga. Sumadas a tres años, suelen acercarse bastante a lo que costaba encargarlo bien desde el principio.
El detalle que casi nadie considera hasta que le pega
El sitio no es tuyo. Vive en la plataforma, bajo las reglas y los precios de la plataforma, y esas cambian cuando la plataforma quiere.
Migrarlo después no es exportar un archivo. No hay un botón que te entregue tu sitio: hay que rehacerlo. Lo que sí se puede rescatar es el contenido, si lo tienes escrito en otro lado, y el posicionamiento, pero solo si el dominio era tuyo.
Por eso la decisión más importante que puedes tomar hoy, aunque te quedes en Wix años, es comprar tu propio dominio y apuntarlo ahí. Cuesta unos cientos de pesos al año y es la diferencia entre migrar y empezar de cero.
Lo que cambia con un sitio propio
El código es tuyo y el diseño es tuyo. Carga rápido porque está construido para eso, no para sostener un editor visual que tiene que servirle a todo el mundo.
Posiciona mejor en Google porque cada parte está pensada para tu negocio y no para el promedio de todos los negocios: los títulos, la estructura, las páginas por servicio, lo que Google lee primero.
Y crece contigo. Cuando el año que entra necesites citas en línea, cobros o una sección en inglés, se agrega. En una plataforma cerrada, lo que necesites tiene que existir ya como función, o no existe.

Cómo saber que ya te toca migrar
Cuando la mayoría de tus clientes nuevos te encuentran por Google y no por recomendación. Si además el sitio de hoy carga lento, eso ya es un rescate y no una migración. Ahí la velocidad y la estructura empiezan a valer dinero de verdad.
Cuando pediste un cambio que la plataforma no deja hacer, y la respuesta fue acomodarte a lo que sí se puede.
Cuando sumaste lo que llevas pagado de mensualidades y ya rebasó lo que te costaba un sitio propio.
Cuando el sitio dejó de ser un folleto y pasó a ser parte de cómo operas: agendas, pedidos, pagos, cosas que si fallan te cuesta el día.
Entonces, cuál
Si estás empezando y el presupuesto es cero, usa Wix sin culpa. Pero ponle tu dominio propio desde el día uno, y escribe tus textos en un documento aparte para que el día que migres no empieces con la hoja en blanco.
Si tu negocio ya factura y los clientes te encuentran por Google, el sitio propio se paga solo. La pregunta deja de ser cuánto cuesta y pasa a ser cuántos clientes pierdes cada mes por no estar bien parado en línea.